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El Barça más pobre se estrella en San Mamés

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El equipo de Valverde apenas crea peligro a un Athletic que exigió la mejor versión de Ter Stegen. El pinchazo azulgrana reduce la distancia con el Madrid a seis puntos

El Athletic le plantó cara al Barcelona más plano que ha pasado por San Mamés en mucho tiempo. Una sola vez disparó a puerta el equipo de Valverde en los 95 minutos de partido, y con poco peligro. La versión light del equipo azulgrana se estrelló contra un rival que tuvo las mejores oportunidades, que exigió la mejor versión de Ter Stegen y que acabó con diez por una expulsión injusta de Oscar de Marcos. El empate aprieta un poco la Liga, con el Madrid a seis puntos.

Noventa años después, un Athletic-Barça en San Mamés sigue siendo casi lo mismo. Ya no hay barro, ni los entrenadores se fuman un puro en la tribuna. Tampoco se ve, desde hace tiempo, al Barcelona azulgrana de toda la vida. Ahora juega en la Catedral con colores chillones y extraños, pero la pasión es idéntica, por mucho que la diferencia entre un equipo y el otro sea abismal. El 5-1 de 1929 será difícil que se repita, pero no la intensidad en la grada y en el campo.

Este domingo no fue una excepción, aunque el Athletic se encontró a un Barcelona demasiado plano, con las ideas confusas, que no supo meterle presión al equipo bilbaíno en una primera parte en la que el área de Ter Stegen fue la más castigada. Con Messi en modo mantenimiento, sin encontrar respuestas en la banda huérfana de Jordi Alba, siempre que quiso jugar fue por el medio, y allí los centrales bien ordenados del Athletic evitaron fugas en sus cañerías. Con la Copa entre paréntesis, la Liga más animada después del derbi madrileño, y la Champions a vista de teleobjetivo, el equipo de Valverde no mostró su mejor versión.

Quien más cerca del gol estuvo fue el Athletic, sobre todo en un disparo de Susaeta que buscaba la escuadra y encontró el guante de Ter Stegen. Luego fue Williams el que dejó en evidencia a Piqué en una cabalgada por la izquierda que no encontró respuesta de sus compañeros; y en el minuto 23, Raúl García tuvo la suya en una chilena que rechazó el guardameta del Barça. Herrerín, mientras, fue un espectador. La única vez que sintió cerca de Suárez fue en un centro de Messi al que no llegó el delantero uruguayo. Ni una sola vez disparó a puerta el Barcelona en los primeros 45 minutos, una estadística inusual, que dice bastante de lo que enseñó el equipo azulgrana.

Sin embargo, en la segunda parte el Athletic dio un paso atrás durante bastantes minutos. O aceleró Messi, quién sabe. En San Mamés a veces se silba a Leo. Y no es un asunto de animadversión, porque en general, todo el mundo reconoce que el astro argentino es un futbolista muy respetuoso con los códigos del juego y con sus rivales, muy poco propenso a la protesta, la simulación o la chulería. Los silbidos a Messi suelen ser una manifestación del miedo que provoca en la grada. Pavor. Basta su presencia en el césped para agitar los corazones ajenos al barcelonismo, y en el segundo parcial aceleró lo suficiente como para poner el corazón en un puño a la grada.

La entrada de Muniain

Manejó el partido unos minutos el capitán del Barça, pero el Athletic volvió a cogerle el pulso al partido y amenazó al contragolpe. Garitano movió algunas piezas. Puso en el campo a San José, para contener, y a Muniain, que salió inspirado. El primero tuvo un disparo desde la frontal que salió muy cerca del poste; el segundo volvió locos a los azulgrana. En el minuto 81 fabricó la mejor ocasión del Athletic con un pase a Williams que Ter Stegen desvió con unos reflejos felinos. El portero alemán contó en una entrevista que San Mamés es el campo que más le inspira para jugar. Las musas le sobrevolaron toda la noche.

El Barcelona siguió sin crear verdadero peligro durante toda la segunda parte, ni en el descuento, cuando estaba con un jugador más por la injusta expulsión de Óscar De Marcos, en un balón que le golpeó en el hombro cuando estaba de espaldas. No supo buscarle las cosquillas a un Athletic. Solo un tiro sin peligro de Dembélé que acabó en las manos de Herrerín. Como en el Camp Nou, tampoco supo el Barça ganar al cuadro vasco.

Sin Messi en su mejor versión, el Barcelona ofreció una pobre imagen, inusual para un equipo que es líder holgado de Liga. El Athletic, por su parte, suma un punto, que no le saca de sus penurias pero le reafirma en su manera de jugar, una versión muy distinta desde que llegó Garitano.

 

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