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El cambio de guion de Gaizka Garitano

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Su llegada al banquillo tranquilizó a la defensa del Athletic, demasiado vulnerable en la etapa de Berizzo

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En la sexta jornada de Liga, cuando el Athletic jugó en el Camp Nou, el proyecto de Eduardo Berizzo todavía seducía en Bilbao. Su equipo completó una espléndida primera parte en la que se adelantó con un gol de Óscar De Marcos. En la segunda, sin embargo, el equipo se desfondó. Pese a todo, el Barcelona sólo pudo empatar en el minuto 84, cuando Messi, que empezó en el banquillo, ya estaba en el campo.

Para el Athletic, el empate era un buen resultado. Seguía invicto, pero los problemas defensivos y el cansancio en el tramo final de los partidos empezaban a mostrar las costuras de un planteamiento táctico que exigía concentración total y un poderío físico brutal. De hecho, el plan de Berizzo, con marcajes individuales por todo el campo, era muy similar al que desarrolló años atrás Marcelo Bielsa, incluso muchos de los futbolistas eran los mismos, pero tal vez no cayó en la cuenta el entrenador argentino que tenían siete años más.

Cuando la directiva en funciones, presidida por Josu Urrutia, decidió el relevo del entrenador en plena campaña electoral, no hubo demasiadas voces discrepantes. El Athletic había entrado en una deriva peligrosa. Ni en San Mamés ni fuera, encontraba soluciones. Competía siempre, pero el físico no le llegaba y los errores groseros en defensa le castigaban. Llegó Gaizka Garitano y mandó parar. Un hombre de la casa, el hijo de Ondarru, el ayudante de Mané que llevó al Alavés a la final de la UEFA y a la salvación del Athletic en la última jornada de la temporada 2006-2007. Durante las últimas dos temporadas se hizo cargo del Bilbao Athletic, el equipo de las promesas rojiblancas. Llegó con una idea fija, como explicaba Yuri Berchiche, el rutilante fichaje del PSG: “Tenía tres cosas para corregir, pero muy claras: ser un bloque sólido, no arriesgar desde atrás y ver que el juego directo también es fútbol”.

Sin marcajes al hombre

Garitano, con la ayuda de Patxi Ferreira, su ayudante desde el Eibar de Segunda B, descartó desde un principio los marcajes individuales, agotadores y, además, causa de múltiples problemas cuando el equipo se desordena. Pidió a sus hombres que jugaran de una forma más sencilla y decidió explotar las alas, con la aparición de Ander Capa –sancionado frente al Barça–, a quien dirigió en el Eibar, en el lateral derecho, con De Marcos más adelantado. En la izquierda cuenta con Yuri y Córdoba, que curiosamente es nieto del constructor del nuevo San Mamés, que apenas había contado con Berizzo. Muniain juega unos metros más adelantado y de media punta, en un lugar en el que se siente más cómodo.

Garitano construye el equipo desde la defensa, pero en San Mamés trata de lanzarse al abordaje del rival. “Desde que ha venido Gaizka me siento mejor, más seguro en todos los aspectos del juego”, afirma Yuri. De hecho, todos los jugadores lo agradecen. “Con el sistema de Berizzo, o te sale todo bien o te sientes perjudicado en momentos del partido”, señala Iñigo Martínez, que ha sido el mejor jugador del Athletic desde que Garitano tomó las riendas. “Podías hacer cinco acciones buenas pero a la mínima que fallabas, veías que se plantaban solos delante del portero y eso lo pagas caro”. En cambio, “con Gaizka nos sentimos más arropados, sobre todo la línea defensiva. Cuando está junta, con coberturas y gente a tus espaldas cubriéndote, el equipo suele ir mejor. Teniendo una buena defensa los resultados llegan”, apunta el central. Explica Iñigo que “con Berizzo hacíamos una presión muy alta e individual, por lo que bastaba con que uno no cumpliese con su vigilancia para que hubiese problemas para todo el equipo. Ahora eso no sucede”.

Garitano apuesta por un fútbol más directo y su ideario se constata incluso en los fichajes del mercado de invierno. Ibai es un gran centrador y necesita alguien que remate. Con Aduriz en la enfermería durante varias semanas, llega Kenan Kodro, toda una declaración de intenciones.

Eso sí: el plan de Garitano no funcionó en Anoeta. El derbi es otra cosa. “No va a ser fácil”, explicó el técnico cuando tomó las riendas. El abismo sigue ahí, a tres pasos.

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