Opinión

Los Presupuestos del abismo

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El 15 de septiembre de 2008 Lehman Brothers quebró. Su caída arrastró a la economía estadounidense y colapsó la economía mundial. No obstante, la quiebra del gigante bancario no fue nada más que el pistoletazo de salida, el inicio y la oficialización de algo que venía labrándose desde hacía mucho tiempo. Es más, en 2007 ya eran muchas las voces que advertían del riesgo de las hipotecas subprime, unas hipotecas de alto riesgo empaquetadas y diseminadas en complejísimos productos financieros. Razón por la que, lo que comenzó como una crisis financiera derivó en una crisis de deuda soberana cuyas consecuencias conocemos bien aquí en España, desgraciadamente.

Recuerdo aquel 2007 perfectamente porque aquellos que alertaron a José Luís Rodríguez Zapatero de los inoportuno de preparar unos Presupuestos Generales del Estado (PGE), los de 2008, profundamente electoralistas cuando las incertidumbres financieras aconsejaban mayor rigor presupuestario fueron tachados de agoreros.

La crisis finalmente se hizo carne y la desviación de las cuentas públicas de aquel 2008 alcanzó un 4%, pero en 2009 se disparó más allá del 10%. Aquellos años fueron el inicio de la escalada de la deuda pública hasta alcanzar el 100% de nuestro PIB, cifras o niveles en las que seguimos anclados una década más tarde. Pero, si grave es la situación de la deuda pública, peor aún es la situación de la deuda externa, es decir, todo lo que el sector privado y público deben al exterior, una cifra que asciende hasta el 200%.

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